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Doctrina social15 de agosto de 2026

¿Puede un católico defender fronteras y deportaciones? Las 6 claves del Catecismo según el padre Han

¿Puede un católico defender fronteras y deportaciones? Las 6 claves del Catecismo según el padre Han

El sacerdote Han Chui analiza el debate sobre fronteras, inmigración y deportaciones a partir del Catecismo de la Iglesia Católica, intentando mostrar que la doctrina católica combina el deber de acoger con la responsabilidad de los Estados de proteger el bien común.

Síntesis informativa para Noticias RPS.

Un debate que no se reduce a “fronteras abiertas” o “fronteras cerradas”

La reflexión parte de situaciones de presión migratoria y de la pregunta sobre qué puede defender legítimamente un católico. Han Chui sostiene que la enseñanza de la Iglesia no elimina las fronteras ni convierte todo control migratorio en algo moralmente ilícito, pero tampoco permite tratar al extranjero como si careciera de dignidad y derechos.

1. La frontera es una realidad legítima

La existencia de un Estado implica un territorio, una población y autoridades responsables. Desde esa perspectiva, establecer y vigilar fronteras forma parte de las funciones ordinarias de la autoridad política. El control fronterizo, por sí mismo, no equivale a rechazo del extranjero.

2. La autoridad debe proteger a la población confiada a su cuidado

El bien común exige que los gobernantes consideren la seguridad, la capacidad de los servicios públicos, la convivencia y las consecuencias de las decisiones migratorias. La doctrina católica reconoce que la autoridad civil tiene obligaciones concretas hacia quienes ya están bajo su responsabilidad.

3. Acoger en la medida de lo posible

Al mismo tiempo, el Catecismo enseña que las naciones más prósperas deben acoger, dentro de sus posibilidades, a quienes buscan seguridad y medios de vida que no encuentran en su país. Esta obligación introduce un criterio de solidaridad y evita que el control migratorio se convierta en indiferencia ante el sufrimiento.

4. El derecho a inmigrar puede estar sujeto a condiciones

Las autoridades pueden establecer requisitos jurídicos atendiendo al bien común. Esto significa que la enseñanza católica no identifica el derecho a migrar con un derecho ilimitado a entrar y permanecer en cualquier país sin condiciones. Las normas, sin embargo, deben respetar la dignidad de las personas y aplicarse de manera justa.

5. El inmigrante también tiene deberes

La acogida no es presentada como una relación unilateral. Quien llega a otro país está llamado a respetar sus leyes, su patrimonio material y espiritual y a contribuir responsablemente a la sociedad que lo recibe. Integración y gratitud forman parte del planteamiento recogido en el Catecismo.

6. Deportación y dignidad humana

El análisis distingue entre la posibilidad jurídica de expulsar a una persona que no tiene derecho a permanecer y las prácticas indiscriminadas, arbitrarias o inhumanas. La aplicación de la ley no autoriza a ignorar la dignidad del migrante, la situación de refugiados y solicitantes de asilo, la unidad familiar o las circunstancias particulares que requieren prudencia y misericordia.

Una doctrina basada en equilibrio y prudencia

La conclusión es que un católico puede defender la existencia de fronteras y un sistema ordenado de inmigración, pero debe hacerlo junto con el deber moral de proteger a las personas vulnerables. El bien común, la justicia, la solidaridad y la dignidad humana deben ser considerados al mismo tiempo, evitando respuestas simplistas.

Fuente: Religión en Libertad