Cómo cumplir los mensajes de María Reina de la Paz: Las cinco piedras

Al final del tercer día de las apariciones, la Gospa comunicó el primer y fundamental mensaje diciendo: “¡Paz, Paz, Paz y sólo Paz!”. Y posteriormente, repitió: “La paz debe reinar entre Dios y los hombres, y entre los hombres”.

¿Cómo conseguirlo? Al padre Jozo, párroco de Medjugorje en el momento de las apariciones, le gustaba aludir al pasaje bíblico en el que David se enfrenta al gigante Goliat y de cómo fue capaz de vencerlo con sólo una onda y una piedrecita. Era su forma de mostrar cómo la Virgen, mediante la extraordinaria pedagogía de sus mensajes, nos enseña cómo nosotros podemos también empezar a transformar nuestro interior, emprender el camino de la santidad y la paz, y llegar a ser invencibles por medio de cinco armas que el padre denominó “las cinco piedras”:

1. EL REZO DEL ROSARIO CON EL CORAZÓN

“…Queridos hijos, os invito a rezar el Rosario de tal manera, que se convierta para vosotros en un compromiso que estéis dispuestos a cumplir con alegría…”

(12/06/1986)

Si la conversión es el mensaje más importante, la oración es el más persistente de María. La palabra más repetida por la Virgen en sus mensajes es: ORAD, ORAD, ORAD. Prácticamente, en todos sus mensajes, llama a la oración. “¡Queridos hijos: que la oración sea la vida!”. La oración, es la vida del cristiano. A través de sus mensajes la Virgen desarrolla una auténtica pedagogía de la oración cristiana. No con formas o expresiones novedosas, sino adaptándose a las ya conocidas y avaladas por el Magisterio de la Iglesia. La oración no debe ser jamás una actividad paralela a las demás, sino la vida misma del creyente. Ella espera que los fieles en el tiempo presente y con sus agitados ritmos de vida, retomen la vida de oración continua. A la pregunta del por qué pide tantas oraciones, responde:

““Mirad a vuestro alrededor y daos cuenta cuán grande es el pecado que domina en el mundo. Por tanto, orad para que triunfe Jesús”

(13-09-1984)

Pero la vida de oración que la Virgen desea suscitar en sus hijos se debe desarrollar “con el corazón”. Se trata, de asociar siempre la mente y los sentidos a la oración interior, evitando las distracciones, en serenidad, paz y afecto. La oración con el corazón es uno de los aspectos relevantes de la espiritualidad de Medjugorje:

“¡Queridos hijos!: También hoy os invito o todos a la oración. Sabed, queridos hijos míos, que Dios concede gracias especiales en la oración; por lo tanto, buscad y orad, para que podáis comprender todo lo que os ofrezco aquí. Yo os invito, queridos hijos, a la oración con el corazón; sabed que sin la oración no podéis comprender todo lo que Dios programa a través de vosotros. Por lo tanto, orad. Deseo que a través de cada uno se realicen los designios de Dios. Que pueda crecer y madurar cuanto Dios os ha otorgado en el corazón. Por lo tanto, orad para que la bendición de Dios os pueda proteger de todo el mal que os amenaza. Yo os bendigo, queridos hijos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

(25/4/1987)

La Virgen, por tanto, pidió desde el principio rezar, y que el rezo del Rosario formara parte de esas oraciones diarias porque de entre todas las oraciones, la más valiosa a los ojos de María es, sin duda, ésta en la que contemplar la vida de su Hijo a través de los misterios al mismo tiempo que la veneramos como intercesora.

“Pido que recéis cada día al menos un Rosario completo: misterios gozosos, dolorosos y gloriosos.”

(14/08/1984)

Cuando le abrimos el corazón a María es fácil renunciar a los placeres y encontrar el tiempo para orar en familia. El Santo Rosario, por antigua tradición, es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia. Contemplando a Jesús, cada uno de sus miembros recupera también la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios. Volver a rezar el Rosario en familia significa introducir en la vida cotidiana otras imágenes muy distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, la imagen de su Madre santísima.

“« ¡Queridos hijos! Os exhorto a invitar a todos a rezar el Rosario. Con el Rosario, venceréis todos los obstáculos que Satanás quiere poner en estos tiempos a la Iglesia Católica.”

(25/06/1985)

“… Invito a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas a rezar el Rosario y a enseñar a rezarlo a los demás. El Rosario es para Mí, hijos míos, algo especialmente querido. Mediante el Rosario, abrid vuestro corazón y así os podré ayudar.”

(25/08/1997)

2. LA EUCARISTÍA

“…Que la Santa Misa no sea una costumbre sino la vida. Viviendo cada día la Santa Misa sentiréis la necesidad de la santidad y creceréis en santidad…”

(25/01/1998)

En Medjugorje muchos de los mensajes nos conducen a centrarnos en la Eucaristía, en Jesús vivo. La Virgen nos pide que la Misa sea el centro de nuestra vida. La Eucaristía siempre ha sido el centro de la espiritualidad en Medjugorje. La Virgen desde el inicio introdujo a los videntes y a la parroquia en una profunda espiritualidad eucarística. Hasta el punto, que su aparición diaria ocurre, precisamente, veinte minutos antes de la gran concelebración eucarística, con todos los sacerdotes y peregrinos que llegan al Santuario. De esta manera, la aparición de la “Gospa” viene a ser una preparación para un encuentro más significativo de los fieles: el de la presencia de Jesús en el Altar. En Medjugorje todos entienden que la Eucaristía es lo primero.

La misma Virgen recomienda:“es mejor permanecer en la iglesia preparándose para la Eucaristía, que estar con los videntes en el momento de la aparición”. Y a ellos les ha enseñado que “comulgar vale más que ser vidente”. También les ha dicho que: “Si tienen que escoger entre ir a Misa y encontrarse conmigo en la aparición prefieran la Eucaristía porque en ella está presente mi Hijo y en la aparición estoy yo”.

La Madre de Dios también se lamenta porque muchos católicos no entienden lo que es la Eucaristía. Un día apareció llorando, y al preguntarle por qué, respondió: “Porque muchos no saben el valor que tiene la Eucaristía”. Entonces pidió que antes de participar en Misa los fieles se prepararan, al menos, con 15 minutos de oración y al finalizar hicieran otro tanto “para agradecer a Dios los múltiples beneficios recibidos”.

Por este motivo, en Medjugorje, antes de iniciar cada día la Misa vespertina, se rezan diez misterios del Rosario y al concluir: el Credo, siete Padrenuestros, siete Avemarías y siete Glorias; para dar paso después a la tercera parte del Rosario. La Virgen ha mencionado, además, que “el momento más solemne de la Eucaristía y donde más gracias se pueden recibir, es durante la Consagración”.

Y en relación al culto de la Eucaristía, fuera de Misa, la “Gospa” recomienda: “Que se Adore sin interrupción el Santísimo Sacramento del Altar. Yo estoy siempre presente cuando los fieles están en Adoración. En ese momento se obtienen gracias particulares”.

“Os invito a enamoraros del Santísimo Sacramento del Altar. Adoradlo, hijos míos, en vuestras parroquias y así estaréis unidos con todo el mundo. Jesús será vuestro amigo…La unión con Él será para vosotros gozo y seréis testigos del amor que Jesús tiene por cada criatura. Hijos míos, cuando adoráis a Jesús también estáis cerca de Mí…”

(25/09/1995)

“Os invito a trabajar en la conversión personal. Aún en vuestro corazón, estáis lejos del encuentro con Dios. Por eso, transcurrid el mayor tiempo posible en oración y en adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, para que Él os cambie y ponga en vuestro corazón, una fe viva y el deseo de la vida eterna…”

(25/03/2008)

Es incomprensible, pues, el mensaje de Medjugorje sin la referencia explícita a la Eucaristía. La Virgen pide “a ser posible asistir a Misa todos los días”. Y ha dicho “que la Eucaristía es la mejor y más completa de todas las oraciones”. El siguiente mensaje que nos enseña a valorar el gran tesoro que tenemos en nuestras iglesias:

“¡Queridos hijos! Dios desea haceros santos y por eso a través de mí os invita al abandono total. ¡Que la Santa Misa sea para vosotros la vida! Trabajad para comprender que la iglesia es la casa de Dios; el lugar donde yo os reúno y deseo mostraos el camino que os conduce a Dios. ¡Venid y orad! No estéis fijándoos en los demás y no los critiquéis. Que vuestra vida sea, por el contrario, un testimonio en el camino de la santidad. Las iglesias son dignas de respeto y consagradas, porque Dios que se hizo hombre permanece en ellas día y noche. Por lo tanto, hijos míos, creed y orad, para que el Padre os acreciente la fe, y luego, pedid lo más conveniente. Yo estoy con vosotros y me alegro por vuestra conversión. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

(25/04/88)

“Queridos hijos, deseo invitaros a que viváis la Santa Misa. Muchos de vosotros habéis experimentado su alegría y su belleza pero también hay quien no viene de buena gana. Yo os he elegido, queridos hijos, y Jesús os concede Sus gracias durante la Santa Misa. Por tanto, vivid conscientemente la Santa Misa y que cada venida os llene de alegría. Acudid con amor y acoged con amor la Santa Misa. Gracias por haber respondido a mi llamada!”

(03/04/1986)

3. LA LECTURA DE LA BIBLIA

“¡Queridos hijos! Hoy os invito a leer cada día la Biblia en vuestras casas; colocadla en un lugar bien visible, de modo que siempre os estimule a leerla y a orar…”

(18/10/1984)

La Virgen propone a las familias que tengan en su hogar un espacio reservado a la oración, denominado, en la tradición cristiana: “altar familiar.” En el centro del mismo, un Crucifijo y delante de él, la Biblia abierta, a fin de estimular a todos a la lectura y la meditación. También puede incluir la imagen de la Virgen, agua bendita y el Santo Rosario.

“…Renovad la oración en vuestras familias. Poned la Sagrada Escritura en un lugar visible en vuestras familias, leedla, meditadla y aprended cómo Dios ama a su pueblo…”

(25/01/1999)

“¡Queridos hijos! También hoy os invito a renovar la oración en vuestras familias. El Espíritu Santo, que os renovará, entre en vuestras familias por la oración y la lectura de la Sagrada Escritura. Así llegaréis a ser educadores de la fe en vuestra familia…”

(25/04/2005)

El altar familiar es un lugar privilegiado para el encuentro de oración diario o semanal. En él se reza el Rosario y se medita la Sagrada Escritura de acuerdo al calendario litúrgico. La Virgen hablando de la importancia de la meditación diaria de la Palabra de Dios dijo:

“¡Queridos hijos! Os revelo un secreto espiritual: si queréis estar más fuertes contra el mal, haceos una conciencia activa. Para esto, orad mucho por la mañana y leed un texto del Evangelio. Grabad la Palabra divina en vuestro corazón y vividla durante la jornada, sobre todo en las pruebas, y en la noche estaréis más fuertes”

(03-08-1984)

La Madre de Dios espera también, que los padres enseñen a sus hijos a leer y meditar la Biblia. Que oren con ellos y les den buenos consejos. Advierte, además, que “la televisión es un peligro moral para las familias”.

La Biblia y el Rosario, pues, son medios apropiados para que la familia cristiana recupere su vocación al amor y esté más abierta a la voluntad de Dios. Ya Jesús había dicho: “Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó porque estaba cimentada sobre roca.” Mt 7,24-26. La Virgen en Medjugorje recuerda que la Palabra de Dios y la oración son “roca” del hogar. En un mensaje dijo:

“¡Queridos hijos!: Escuchad: Yo deseo hablaos e invitaos a tener más fe y confianza en Dios que os ama sin medida. Hijos míos, vosotros no sabéis vivir en la gracia de Dios. Por eso, nuevamente os llamo a todos a llevar la Palabra de Dios en el corazón y en vuestros pensamientos. Hijos míos: Poned la Biblia en un lugar visible en vuestras familias; leedla y vividla. Enseñad a vuestros hijos, porque si vosotros no sois ejemplo para ellos se encaminarán por el ateísmo. Reflexionad y orad; entonces Dios nacerá en vuestros corazones y vuestros corazones estarán alegres. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

(25/08/1996)

4. EL AYUNO

María dijo:

«¡Queridos hijos! Hoy os invito a renovar la oración y el ayuno, aún con mayor entusiasmo, hasta que la oración se convierta en alegría para nosotros. Hijos míos, quien ora no teme el futuro, y quien ayuna no teme el mal. Os lo repito una vez más: únicamente con la oración y el ayuno pueden también detenerse las guerras…”

(25/01/2001)

“¡Queridos hijos! Os quiero agradecer de corazón vuestras renuncias cuaresmales. Deseo animaros para que continuéis viviendo el ayuno con un corazón abierto. Hijitos, con el ayuno y la renuncia, seréis más fuertes en la fe…”

(25/03/2007)

La Virgen pide el ayuno los miércoles y viernes

“…la mejor forma de ayunar es a pan y agua. Mediante el ayuno y la oración, uno puede detener las guerras y se pueden suspender las leyes de la naturaleza…”

(21/07/1982)

“El ayuno nos purifica el alma, el ayuno nos permite realmente tener el dominio de sí, fruto del Espíritu Santo” (Carta a los Gálatas).

Desde el tercer día de las apariciones la “Gospa” mencionó que era necesario ayunar para obtener la paz. Cuando le preguntaron “cómo debía hacerse” respondió: “El mejor ayuno es el ayuno a pan y agua”. Y en la vigilia de su Asunción el 14 de agosto de 1984, pidió que se hiciera dos veces por semana: los miércoles y los viernes. No para que de los dos días se eligiera uno, sino para que de los siete días de la semana se eligieran siempre los miércoles y los viernes para ayunar.

¿Por qué los miércoles y los viernes?. La respuesta es simple: Porque originalmente eran los días de ayuno de la Iglesia. Los primeros cristianos sustituyeron los días habituales de ayuno de los judíos (lunes y jueves) por el de los miércoles y los viernes. Así consta en la “Doctrina de los Doce Apóstoles”. Una especie de catecismo de los Padres Apostólicos redactado en Siria a finales del siglo II. El primer día de ayuno se hacía por la conversión de los pecadores porque ese día la iglesia recordaba la traición de Judas. El segundo, en unión al sacrificio de Cristo en la cruz.

Es un error pensar que dos días de ayuno a la semana es demasiado, o bien, pueden afectar la salud corporal. De ser así, habría que concluir que: “la Virgen viene a enfermarnos”. Y en realidad es lo contrario. Hoy es sabido que muchas enfermedades aparecen por desórdenes alimenticios. Cuando una persona visita un naturista, por lo general, le recomienda ayunar y nadie le rebate. Cuando muchos suben de peso y tienen problemas de salud comienzan a practicar ejercicios. La Virgen, sin embargo, nos invita a ayunar dos veces por semana a pan y agua, y muchos piensan que se ha equivocado. O bien, que no es necesario para su vida espiritual.

La Virgen ha dicho que:

“Con el ayuno y las oraciones se pueden detener las guerras y hasta suspender las leyes de la naturaleza. La caridad no puede sustituir el ayuno. Aquellos que no pueden ayunar pueden ofrecer la oración, la caridad y una confesión. Todos, sin embargo, excepto los enfermos, deben ayunar.”

(21-7-81)

“El ayuno que muchos hacen comiendo pescado, en lugar de carne, no es ayuno, sino abstinencia. El verdadero ayuno consiste en renunciar a todos los pecados. Pero es necesario al renunciarlos, hacer participar también al cuerpo.”

(12/1981)

“El ayuno ha sido olvidado en el último cuarto de siglo en el seno de la Iglesia Católica”

(5 -84)

Es preciso recordar, que cuando la Virgen pide ayunar, no está pidiendo pasar hambre, sino sustituir las tres comidas habituales por sólo pan y agua. Los entendidos aseguran, que si durante el día se come suficiente pan y se bebe suficiente agua, se pueden obtener hasta 1200 calorías necesarias para desempeñar las labores cotidianas. No es recomendable, por otro lado, acompañar el ayuno con otras bebidas (por ejemplo café, té, gaseosas) porque pueden afectar el estómago. Cabe destacar, además, que la jornada de ayuno que la Virgen recomienda, concluye con la primera comida del día siguiente. En el idioma español, la raíz etimológica de “desayuno” significa, precisamente, terminar el ayuno (des-ayuno), comer después del ayuno.

El ayuno del cuerpo libera al hombre de las pasiones, de los miedos, de las inseguridades, etc., para proveer al espíritu de alegría, paz y amor. La Madre de Dios recuerda además, que “para poder orar con el corazón es necesario ayunar”. Quien ayuna con frecuencia tendrá menos problemas con las distracciones en la oración y estará más abierto a la voluntad de Dios.

El ayuno por consiguiente, es uno de los principales mensajes de la “Gospa”, y quizás el más práctico por haberse descuidado en la Iglesia. De sus mensajes leemos:

“¡Queridos hijos!: También hoy os invito a orar y ayunar por la paz. Como ya os he dicho, os repito también ahora: “Hijos míos, sólo con la oración y el ayuno también las guerras pueden ser detenidas”. La paz es un don precioso de Dios. Buscad, orad y la recibiréis. Hablad de la paz y llevad la paz en vuestros corazones. Cuidadla como una flor que necesita agua, ternura y luz. Sed vosotros quienes llevéis la paz a los demás. Yo estoy con vosotros e intercedo por todos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

(25-2-2003)

“Haced penitencia, renunciad, sacrificaos por vosotros mismos, por vuestra salvación y por la salvación de los hermanos y hermanas. En este sentido, el ayuno es un don, una gracia que cada persona puede recibir de Dios. Fue y sigue siendo la ayuda más segura para encontrar la paz del corazón, la paz en la familia, para librarse de toda adicción y toda esclavitud. El ayuno todavía se percibe como el medio más seguro para que el hombre vuelva a Dios, de quien se apartó. El ayuno nos ayuda a enfrentarnos con nosotros mismos, con todos nuestros lados oscuros: fallos, deficiencias, demandas y deseos pecaminosos… Ayunar es una experiencia en la lucha por la pureza de corazón. Ayunar nos ayuda a vivir siempre en la presencia de Dios y como reparación por los pecados y ofensas que hicimos a Dios y al prójimo”. [Glasnik Mira, nº 8]

5. LA CONFESIÓN

“¡Queridos hijos! Abrid vuestro corazón a la misericordia de Dios en este tiempo cuaresmal. El Padre Celestial desea liberar a cada uno de vosotros de la esclavitud del pecado. Por eso, hijitos, aprovechad este tiempo y a través del encuentro con Dios en la Confesión, abandonad el pecado y decidíos por la santidad…”

(25/02/2007)

La Virgen pide que nos confesemos una vez al mes.

“…Que la Santa Confesión sea para vosotros el primer acto de conversión, y entonces, queridos hijos, decidíos por la santidad. Que vuestra conversión y decisión por la santidad empiece hoy y no mañana…”

(25/11/1998)

“…Abrid vuestro corazón a Dios, hijitos, a través de la Santa Confesión y preparad vuestra alma para que el Niño Jesús pueda nacer de de nuevo en vuestro corazón…”

(25/11/2002)

La Confesión es otro de los mensajes principales de La Virgen. Ella ha dicho que los fieles deben acudir a la Santa Confesión cada mes, y siempre que se tenga conciencia de haber pecado gravemente. También ha dicho:

“No os confeséis por rutina para continuar siendo los mismos. No, así no está bien. La Confesión debe daos un nuevo impulso a vuestra vida de fe. Debe estimulaos y acercaos a Jesús. Si para vosotros la Confesión no significa nada, en verdad, difícilmente os convertiréis.”

(07-11-83)

Un mes después repite:

“La Confesión mensual será remedio eficaz para la Iglesia de Occidente. Porciones enteras de la Iglesia podrán sanarse si los fieles se confiesan una vez al mes”.

“Cuando acudáis a confesaos, no os preparéis cinco minutos antes, sino durante toda la jornada; aprovechad el momento de la Confesión para pedir del sacerdote un consejo práctico para vuestra vida espiritual.”

El 2 de agosto de 1981, los videntes narran la siguiente anécdota que nos hará reconocer cuán grave es el pecado ante Dios y la necesidad que todos tenemos de confesarnos frecuentemente:

La Virgen se le apareció a la vidente María Pavlovic en su habitación y le dijo: “Id todos juntos a la llanura de Gumno, pues se está llevando a cabo una gran batalla, una batalla entre mi Hijo y Satanás; la puesta en juego son las almas.” Ese día, siguieron a los videntes unas cuarenta personas a la llanura indicada, unos 200 metros de la casa de Vicka. Antes de que la Virgen apareciera, algunos fieles dijeron a los videntes: “ya que no podemos verla, preguntadle si la podemos tocar.” Cuando la Virgen apareció le remitieron la inquietud y contestó: “Siempre hay incrédulos. Decidles que me pueden tocar.” Entonces, los muchachos alargaron la mano de cada uno de ellos, hacia el sitio donde veían suspendida la aparición. Cuando ésta terminó la mayoría afirmó: “haber sentido algo extraño al tocar los vestidos de la Virgen”. Unos, una especie de corriente, otros, un calor o algo parecido a una tela de vestir.

Los videntes se retiraron mientras María Pavlovic permanecía llorando sentada en una piedra. Cuando le preguntaron: “¿por qué llora?” Respondió: “Porque vosotros habéis manchado el vestido de la Virgen. Mientras poníais las manos sobre sus vestidos, vimos aparecer unas manchas negras. Le preguntamos “¿por qué aparecen esas manchas?” y nos dijo: “Porque me habéis tocado en pecado. Decidles que se confiesen.”

Entonces, todos se fueron a confesar. Algunos levaban muchos años sin hacerlo. Para la Virgen, era obvio, más importante que tocarla a Ella era la Confesión. La batalla en curso que se libraba era que el demonio hacía ver a muchos que no era necesario confesarse. Sin embargo, Cristo venció valiéndose de la curiosidad humana a través de María.

Recordemos que la Confesión es el sacramento más importante después del Bautismo, el único que anticipa, en cierta manera, el juicio a que será sometido el fiel al fin de su vida terrena. Menciona el Catecismo de la Iglesia Católica: “Porque es ahora, en esta vida, cuando nos es ofrecida la elección entre la vida y la muerte, y sólo por el camino de la conversión podemos entrar en el Reino del que el pecado grave nos aparta” CIC 1470.

La Virgen dice:

“¡Queridos hijos!: Os invito a abrir la puerta de vuestro corazón a Jesús, como una flor se abre al sol. Jesús desea colmar vuestros corazones de paz y de alegría. No podréis, hijos míos, realizar la paz si no estáis en paz con Jesús. Por eso, os invito a la Confesión, para que Jesús sea vuestra verdad y vuestra paz. Por lo tanto, hijos míos, orad para tener la fuerza de realizar lo que os digo. Yo estoy con vosotros y os amo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

(25-01-1995)